
¿Recuerdas cuando me decías que no teníamos nada que perder? ¿Cuándo podíamos abrazarnos sin enamorarnos? ¿Cuándo mirarnos era un juego de aguantar la risa? Ahora, prácticamente se me haría imposible hablarte sin que me temblasen las piernas. Abrazarte sin decirte todo lo que te quiero decir. Incluso mirarte sin que se me escape esa pequeña sonrisa que se me escapa cada vez que te veo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario